Un estudio reciente ha revelado que la masacre del 7 de octubre y la guerra de Gaza han generado niveles extraordinarios de angustia emocional en Israel. Esta situación ha provocado un incremento dramático en los casos de juego problemático entre la población.
Israel se prepara para conmemorar dos años desde el ataque del 7 de octubre de 2023. Ese día, Hamás y grupos militantes aliados asesinaron a más de 1,200 personas, secuestraron a 251 rehenes y desencadenaron la guerra en Gaza. Este conflicto ha cobrado decenas de miles de vidas hasta la fecha.
Tras estos acontecimientos traumáticos, una nueva investigación científica pone de manifiesto el profundo malestar mental y emocional del país. El estudio también establece una conexión directa entre esta crisis psicológica y el aumento del juego problemático.
Mecanismos de Afrontamiento que se Convierten en Conductas Peligrosas.
La investigación proviene del Centro Israelí para las Adicciones y la Salud Mental (ICAMH, por sus siglas en inglés) de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El estudio contó con el apoyo de investigadores de otras universidades y centros médicos del país.

Los resultados muestran que los hombres que tienen dificultades para gestionar sus emociones son más propensos a desarrollar problemas con el juego tras la masacre. Esta vulnerabilidad se intensifica considerablemente en el contexto del trauma colectivo.
El estudio longitudinal fue dirigido por el Prof. Mario Mikulincer y el Dr. Uri Lifshin. La investigación se publicó en el prestigioso Journal of Gambling Studies.
Los científicos realizaron un seguimiento de aproximadamente 900 adultos judíos israelíes antes y durante la guerra.
Los hallazgos revelaron un aumento pronunciado en el número de jugadores problemáticos entre hombres con puntuaciones más altas en dificultades de regulación emocional. Según explicó el Prof. Mikulincer, el trauma del 7 de octubre intensificó aún más este riesgo. El evento traumático “empujó a algunos hacia el juego como una forma de escapar” de la realidad dolorosa que enfrentaban.
Sin embargo, el estudio realizado con 445 hombres y 444 mujeres reveló una historia mucho más compleja de lo esperado. Los resultados presentaron patrones sorprendentes y contradictorios en el comportamiento de juego.
Por un lado, algunas personas que nunca habían jugado antes o que no se habían visto afectadas por esta actividad comenzaron a adoptarla después del trauma. Por otro lado, los jugadores de alto riesgo hicieron exactamente lo contrario. Estos individuos redujeron el tiempo que dedicaban a jugar durante la crisis.
Además, la investigación demostró otro hallazgo inesperado. Las personas que invertían más esfuerzo en intentar comprender y procesar sus emociones eran más propensas a utilizar el juego como medio de consuelo y regulación emocional. Este patrón desafiaba las expectativas convencionales sobre quiénes son más vulnerables.
Los resultados se mantuvieron consistentes en todos los grupos de edad estudiados. También fueron independientes del nivel de educación de los participantes.
Esto indica que los efectos observados representan un impacto en la psique colectiva. No son características específicas de ningún grupo demográfico en particular.
Las Cicatrices Invisibles de los Traumas Colectivos.
A pesar de estos matices sorprendentes, la conclusión general del estudio es clara y contundente. Los traumas nacionales tienen un eco poderoso tanto en la esfera pública como en la vida privada de los ciudadanos. El impacto se manifiesta especialmente en el juego y otras conductas similares de afrontamiento que pueden convertirse fácilmente en comportamientos dañinos.
“Los traumas colectivos no desaparecen cuando cesa el combate”, explicó el Prof. Mikulincer con profunda reflexión. “Permanecen en nuestras mentes, en nuestras relaciones y en las decisiones que las personas toman para sobrevivir otro día más”.
Esta declaración subraya la naturaleza duradera del daño psicológico causado por eventos traumáticos masivos. También destaca cómo estos traumas continúan afectando el comportamiento y las decisiones de las personas mucho después de que terminen los eventos desencadenantes.
Implicaciones para la Salud Pública y el Futuro.
El estudio completo se titula “El Juego a la Sombra de la Guerra: Evidencia del Aumento del Juego Problemático en Hombres con Dificultades en la Regulación Emocional Durante un Trauma Masivo”. Esta investigación tiene objetivos importantes más allá de la simple documentación del fenómeno.
El trabajo científico busca ofrecer una comprensión más profunda de los factores que llevan a comportamientos problemáticos de juego. También pretende desarrollar mejores herramientas de apoyo para quienes atraviesan traumas colectivos.
Estas herramientas podrían incluir programas de intervención temprana, servicios de salud mental especializados y sistemas de detección de riesgo.
Los investigadores esperan que sus hallazgos ayuden a las autoridades de salud pública a diseñar estrategias preventivas más efectivas.
También buscan sensibilizar a la sociedad sobre la conexión entre trauma colectivo y adicciones conductuales. El reconocimiento de estos patrones puede salvar vidas y prevenir el sufrimiento de miles de familias.
En última instancia, este estudio pionero nos recuerda que las guerras no solo destruyen infraestructuras y cobran vidas. También dejan cicatrices psicológicas profundas en quienes las sobreviven. La comprensión de estas consecuencias invisibles es fundamental para construir sociedades más resilientes y compasivas tras eventos traumáticos colectivos.

Tengo 42 años y soy un jugador profesional que ha vivido exclusivamente del juego especializado durante los últimos 18 años. Residiendo en México, he convertido lo que empezó como un hobby universitario en una carrera refinada. Considero que jugar profesionalmente no tiene que ver con la suerte, sino con tomar decisiones matemáticamente fundamentadas a través de miles de repeticiones y manejar el riesgo como cualquier otro negocio.






